Qué virtud tan maravillosa la de quererse uno mismo, sin caer en la arrogancia ni en la falsa modestia. Quererse por lo que eres, lo que sientes y lo que aportas; quererse ignorando lo que opinen los que no te importan, sin desmerecer lo que opinan los que te importan y priorizando tu propia opinión de tí mismo.
Qué suerte tener una mente capaz de aprender y crecer, de reestructurarse cognitivamente y desaprender para seguir construyéndose. Qué suerte tener la opción de rodearte de personas con las que compartir toda una vida o partes de ella. ¡Que suerte estar vivo y ser consciente de ello!
Qué plenitud y qué libertad el sentirse responsable de uno mismo, tomar tus propias decisones, sin condicionantes, no establecerte límites, más que los de tus propias capacidades. Que satisfacción asumir tus taras como parte que nos hace únicos, no sintiendote por ello mediocre, en su connotación negativa.
Qué consuelo ser consciente de tu propia complejidad y hallar las herramientas necesarias para ser fiel a uno mismo siendo, a la vez, parte que participa en un todo.
Es difícil encontrarse, en la mayoría de las ocasiones, estamos tan estresados y preocupados por tantas cosas, que nos olvidamos de nosotros mismos.
ResponderEliminarMe alegro que hayas retomado el blog.
Un besito.
VV.
Que te voy a decir... Sé toda tú!!!
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