jueves, 23 de febrero de 2012

Renovarse o morir.

    Supongo que, en la vida de toda persona, llega un momento en el que reinventarse a uno mismo. No parece tener mucho sentido empeñarse en seguir un camino forzado por el que se siente, uno mismo, a la deriva. A veces se producen cataclismos emocionales, laborales, familiares... que te convierten en puras cenizas y debemos empeñarnos, como el mítico ave fénix, en resurgir de ellas.
    Si a pesar de derrumbarnos volvemos a construirnos, a crecer, de la misma forma, persiguiendo la misma meta, corremos el peligro de volver a equivocarnos. El aprendizaje, durante el proceso de ensayo y error que es la vida, se consigue cuando te reconstruyes, te reinventas, para adaptarte a tus nuevas necesidades. Las situaciones cambian y la forma de ver esas situaciones debe hacerlo también, por eso es que debemos asumir la continua transformación para no quedarnos anquilosados en un plan premeditado que trazamos cuando nuestras vidas eran muy diferentes de como son ahora.
     El ser fiel a uno mismo es una necesidad inexorable pero no por ello debemos mostrarnos inflexibles ante todos los aspectos que sí son lícitamente modificables. La base de nuestra propia esencia es inamovible aunque es bastante saludable, al sufrir una sacudida, rediseñar todo el entramado que nos mantiene cuerdos para resistir las envestidas de la cruda realidad. 
    Empecinarse y ofuscarse porque las cosas no van como planeamos en un momento dado solo hace que vivir se convierta en un camino hacia ninguna parte, es como seguir una senda circular. Al igual que los edificios japoneses debemos ser una estructura que se meza ante los terremotos y estar dispuestos a sustituir las partes que se han deteriorado procurando mejorar la funcionalidad de las mismas. Es una sensación maravillosa el sorprenderse a uno mismo introduciendo nuevas piezas en el complejo puzzle que somos y ver que cada vez nos acercamos más a ver lo que realmente representa, lo que realmente somos... lo que queramos ser.

domingo, 29 de enero de 2012

Al pan pan y al vino vino.

    Es algo innato en mí reflexionar sobre los aspectos de la condición humana que me desconciertan. El problema surge cuando mi personal hervidero de ideas es provocado repentinamente por las circunstancias y explota el entuerto en la cara de los que lo provocan.

    Me hice el firme propósito de ser fiel a mí misma, sincera en mis valoraciones y juicios, y este camino que elegí me pone totalmente al descubierto, haciéndome vulnerable, en los momentos en los que el contexto se convierte en una absurda e incómoda comedia y nadie se percata salvo los que permanecemos cuerdos. Sé muy bien que las relaciones interpersonales deben basarse en el respeto, todas, es algo irrefutable, algo multilateral con retroalimentación si cabe y cuando siento que invaden mi espacio paso como una apisonadora por encima del de los demás, sin ningún respeto sino con toda la desconsideración y lo considero algo totalmente lícito. Hasta los animales se revuelven si les pisas la cola.

    Aún así mi enorme conciencia me hace ahondar en estos aspectos; mi afectación va más allá de los momentos, en demasía. Más de cien veces debí ensanchar la malla del tamiz de lo correcto y cada uno que arree sus mulas por su camino.

    Siento cierto asombro y a la vez cierto instinto protector sobre las personas que son capaces de perder su conciencia, su identidad o que tienen conductas autodestructivas. Me asombra su constante estado de impermeabilidad al entorno ( nada les afecta, nada les concierne, no son responsables de nada... es una actitud cómoda y contraria a lo que en realidad entraña vivir). El instinto protector me aflora porque soy tan permeable que asumo el inexistente o mal conducido diálogo interior ajeno (con  la vana esperanza de suscitar un estímulo que provoque una respuesta que nunca llega).

    No llamaré al blanco con el nombre de ningún otro color, al igual que las situaciones ya tipificadas no las clasificaré según una apreciación personal. No quiero radicalizarme bajo ningún concepto aunque seguiré siendo crítica ante lo que por definición sea un despropósito en su conjunto.